Problemas de conducta en niños | Psicólogo infantil en Sevilla Este

No es que tu hijo sea difícil. Es que algo se le está haciendo demasiado.

Rabietas constantes, gritos o desobediencia que te sacan de quicio. Días en los que terminas enfadado, sin paciencia y con la sensación de estar haciéndolo todo mal. Cuando el día a día es una batalla, no es que falten límites: es que algo se está desbordando… y no solo en tu hijo.

En Maraña creamos un espacio seguro para entender qué hay detrás de la conducta, ayudarte a recuperar la calma en casa y acompañar a tu hijo sin gritar, castigar sin sentido ni sentirte culpable todo el tiempo.

Foto de Carmen

Hola, soy Carmen Terrero
y acompaño a familias que están agotadas de luchar cada día en casa.

Soy psicóloga general sanitaria y estoy especializada en infancia, adolescencia y trabajo con familias. En consulta acompaño a padres que llegan cansados, enfadados y muchas veces culpables por sentirse así frente a las rabietas, la desobediencia o las explosiones constantes de sus hijos.

He trabajado con niños que expresan su malestar a través de la conducta: gritos, impulsividad, oposición, agresividad o dificultades para tolerar la frustración. Detrás de estos comportamientos suele haber emociones que aún no saben gestionar y dinámicas familiares que, sin querer, se han ido tensando con el tiempo.

Mi forma de trabajar no va de señalar errores ni de imponer recetas mágicas. Buscamos entender qué está pasando, bajar el nivel de tensión en casa y ayudarte a recuperar una forma de acompañar más firme, más calmada y menos cargada de culpa. Cuando los adultos cambian la forma de sostener la situación, la conducta del niño también empieza a moverse.

¿Y esto cuánto cuesta?
(Spoiler: menos que seguir igual)

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*Dirigida a familias con un único ingreso principal o con gastos elevados derivados de la crianza, separación o custodia compartida.

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¿Y cómo es venir al psicólogo cuando la convivencia se ha convertido en una guerra diaria?
Aquí no hablamos de niños “malos” ni de castigos eternos. Hablamos de entender qué está pasando y devolver un poco de calma a casa.

Rabietas y explosiones
Cuando la frustración se convierte en volcán.

Gritos, llantos intensos, tirarse al suelo o perder el control ante un “no”. Trabajamos para entender qué activa esas explosiones y cómo acompañarlas.

  • Rabietas frecuentes
  • Tolerancia a la frustración
  • Explosiones emocionales imprevisibles
  • Escalada rápida del conflicto
Desobediencia y oposición
Todo se convierte en un pulso.

Normas que no se cumplen, discusiones por cualquier cosa y sensación de estar siempre negociando. Aquí trabajamos cómo salir del bucle de órdenes, castigos y enfados constantes.

  • No hace caso a normas básicas
  • Responde con desafío o provocación
  • Conflictos continuos en casa
  • Escalada de castigos que no funcionan
Agresividad
Gestos que asustan.

Insultos, empujones, golpes o amenazas cuando no sabe cómo expresarse. Intervenimos para entender el origen y poner límites firmes sin aumentar la violencia.

  • Agresividad verbal
  • Empujones o golpes
  • Dificultad para expresar emociones
  • Miedo de los adultos a perder el control
Convivencia agotadora
Vivir en tensión constante pasa factura.

Cuando todo gira alrededor de evitar conflictos, la familia se desgasta. Trabajamos para bajar el nivel de tensión, reorganizar roles y recuperar espacios de calma y disfrute.

  • Ambiente tenso en casa
  • Conflictos diarios repetitivos
  • Padres agotados y sin recursos
  • Hermanos afectados por el clima familiar

FAQ's

No eres el único ni el primero. Cuando la convivencia se vuelve tensa durante mucho tiempo, perder la paciencia es una reacción humana, no una prueba de que seas un mal padre o madre. En terapia trabajamos para entender por qué se llega a ese punto y cómo recuperar una forma de poner límites más firme y menos agotadora.

No necesariamente. Muchas conductas intensas aparecen cuando un niño no sabe expresar o regular lo que siente. Pedir ayuda no es poner una etiqueta, es intentar entender qué está pasando antes de que el malestar se cronifique.

El cambio no va de culpables. Trabajamos con el niño, pero también con los adultos, porque la conducta no ocurre en el vacío. Cuando los padres cambian la forma de acompañar y poner límites, la conducta del niño suele empezar a modificarse de manera natural.

No. Los castigos por sí solos suelen aumentar el conflicto. Aquí buscamos entender el origen de la conducta, poner límites claros y coherentes y ayudar al niño a desarrollar recursos que todavía no tiene. Menos lucha, más comprensión y firmeza.

Cada familia es distinta, pero muchas notan cambios en las primeras semanas: menos explosiones, más claridad y adultos más seguros al actuar. El proceso depende de cuánto tiempo lleva la situación, de la intensidad del conflicto y de la implicación de la familia.

Sí, y suele ser uno de los motivos de consulta más habituales. Cuando las estrategias se repiten sin funcionar, el desgaste es enorme. Aportamos una mirada nueva para salir del bucle de enfados, castigos y culpa que ya no está ayudando a nadie.

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