Alimentación emocional | Comer por ansiedad y culpa | Maraña Psicología

Cuando la comida deja de ser comida.

Comes sin hambre, sigues comiendo aunque ya estés lleno o usas la comida para calmarte cuando el día se hace cuesta arriba. Después llega la culpa, la promesa de “mañana empiezo” y la sensación de estar siempre en el mismo bucle.

No es falta de fuerza de voluntad. Muchas veces la comida se ha convertido en una forma de gestionar emociones, estrés o cansancio… porque es lo que has aprendido a hacer.

En Maraña trabajamos la alimentación emocional para que puedas entender qué te pasa con la comida, recuperar señales de hambre y saciedad y dejar de vivir comer como una lucha constante.

Foto de Carmen

Hola, soy Álvaro Moreno
y acompaño a personas para las que la comida se ha convertido en una forma de gestionar lo que sienten.

Soy dietista-nutricionista y trabajo con personas que comen sin hambre, que pierden el control en determinados momentos o que recurren a la comida cuando hay ansiedad, estrés, aburrimiento o cansancio emocional. Muchas veces no es algo puntual, sino un patrón que se repite y acaba generando culpa, frustración y sensación de no poder parar.

En consulta aparece a menudo la idea de “sé que no tengo hambre, pero lo necesito” o de no entender por qué la comida se convierte en refugio justo cuando el día se hace cuesta arriba. Detrás no suele haber falta de fuerza de voluntad, sino una relación con la comida que se ha construido para calmar, tapar o aliviar emociones difíciles.

Mi forma de trabajar no va de controlarte más ni de prohibirte alimentos. Trabajamos para entender qué emoción está detrás de la conducta alimentaria, qué función cumple la comida y cómo encontrar otras formas de regularte sin dañarte. El objetivo no es comer perfecto, sino dejar de depender de la comida para gestionar lo que te pasa.

¿Y esto cuánto cuesta?
(Spoiler: menos que seguir igual)

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¿Y cómo es empezar nutrición cuando comes para calmar lo que sientes?
Aquí no se trata de controlarte más ni de dejar de sentir, sino de entender por qué la comida se ha convertido en una forma de aliviar ansiedad, estrés o cansancio emocional.

Comidas familiares
Sabes que deberías parar, pero sigues.

En comidas familiares o celebraciones te propones comer con cabeza, pero una vez empiezas te cuesta frenar. Comes más de lo que querías y luego aparece la pesadez y la culpa.

  • Pérdida de control puntual
  • Malestar físico posterior
  • Culpa tras comer
  • “Otra vez lo mismo”
Snacks y picoteo
Empiezas con un poco y no paras.

Abres una bolsa de patatas, frutos secos o dulces con la idea de comer un poco, pero acabas terminándola casi sin darte cuenta. No es hambre, es impulso.

  • Comer en piloto automático
  • Dificultad para frenar
  • Impulso repentino
  • Sensación de no decidir
Momentos de cansancio
Cuando estás agotado, el impulso manda.

Al final del día, con cansancio o estrés acumulado, el control baja y el impulso aparece con más fuerza. Comer se vuelve automático.

  • Cansancio mental
  • Estrés acumulado
  • Menor capacidad de freno
  • Comer sin pensar
Después llega la culpa
El ciclo se repite.

Tras el episodio aparece el arrepentimiento, las promesas de “mañana me controlo” o la idea de compensar. Así el impulso no se resuelve, solo vuelve a activarse.

  • Promesas constantes
  • Compensación posterior
  • Todo o nada
  • Relación tensa con la comida

FAQ's

No. Muchas personas que vienen no tienen un TCA ni un problema grave con la comida. Simplemente sienten que en determinados momentos pierden el control y no entienden por qué. Aquí trabajamos esos episodios concretos sin etiquetarte ni patologizarte.

Porque el impulso no aparece al azar. Suele activarse en situaciones concretas: cansancio, estrés, determinados alimentos, contextos sociales o cuando bajas la guardia. En consulta trabajamos para identificar esos disparadores y aprender a intervenir antes de que el impulso tome el mando.

No. De hecho, intentar controlarte más suele empeorar el problema. El trabajo no va de apretarte, sino de entender cómo funciona el impulso y qué necesitas para poder frenarlo sin entrar en lucha contigo.

No trabajamos desde la prohibición. Quitar alimentos suele aumentar el deseo y el descontrol. El objetivo es que puedas estar delante de ellos y decidir cuándo parar, no vivir evitándolos.

Es uno de los motivos de consulta más habituales. Precisamente trabajamos cómo moverte en esos contextos sin irte a los extremos, para que comer con otros no acabe en exceso y culpa.

Muchas veces sí, aunque no siempre de forma consciente. El cansancio mental y el estrés reducen la capacidad de freno y facilitan que el impulso aparezca. Por eso no solo miramos la comida, sino también el contexto en el que ocurre.

Depende de cada persona, pero suele trabajarse a medio plazo. No buscamos “parches rápidos”, sino que puedas entender el patrón y salir de él de forma estable.

El trabajo empieza desde nutrición, centrado en la conducta alimentaria y el control de impulsos. En función de lo que vaya apareciendo, el proceso puede mantenerse solo desde nutrición con supervisión del equipo de psicología, o bien incorporar directamente a un psicólogo cuando el problema lo requiere.

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