Maraña Psicología | Psicoterapia individual para reconectar contigo mismo

Nutrición Emocional:
Aquí empieza la reconciliación

Ansiedad que te lleva a la nevera, atracones que llegan sin avisar, digestiones que no dan tregua o esa guerra silenciosa con el espejo. Comer no es solo “comer”. A veces es calmar, llenar, tapar, ordenar… Y aquí venimos a entender qué hay detrás, sin dietas imposibles ni culpa.

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FAQ's

Si llevas tiempo intentando “comer mejor” y nada termina de funcionar, probablemente no es falta de fuerza de voluntad: es que hay algo más detrás. Si comes por ansiedad, tienes digestiones pesadas, atracones, mucha culpa, te peleas con la báscula o con tu cuerpo… este es tu espacio. La nutrición clínica no es solo para bajar peso, es para entender qué te pasa y qué necesitas.

  • Hambre emocional y atracones
  • Digestiones difíciles, hinchazón, reflujo o malestar después de comer
  • Relación complicada con el peso o el cuerpo
  • Dietas infinitas que nunca funcionan
  • Baja energía, niebla mental, cansancio constante
  • Patologías intestinales que están ligadas al estres y la ansiedad
  • Mejorar analíticas, hormonas, inflamación…

Depende de tu punto de partida y tus objetivos. Algunas personas empiezan a notar alivio en pocas sesiones (menos culpa, mejor digestión, menos urgencia al comer). El cambio profundo en la relación con la comida suele necesitar varios meses, pero vamos paso a paso, sin agobios ni metas imposibles.

Revisamos tu historia con la comida, tus horarios, tu salud, tus síntomas digestivos, tu energía, tus hábitos y tu relación con el cuerpo. No sales con una “dieta exprés”, sino con un mapa claro de lo que está pasando y un plan inicial realista para empezar a cambiarlo.

Sí. Nutrición funciona igual de bien online que presencial. De hecho, para mucha gente es incluso mejor: estamos viendo tu entorno real, tus horarios y tus rutinas, no una versión idealizada en consulta.

Depende del motivo de consulta, pero es habitual sentir mejoras relativamente pronto:
  • Menos culpa al comer
  • Menos urgencia o ansiedad
  • Digestiones más ligeras
  • Más energía durante el día
El trabajo de fondo (relación con la comida, cuerpo, hábitos) se construye con tiempo, pero lo vas notando poco a poco.

Puede ser cualquiera de las tres cosas. La diferencia está en la frecuencia, la intensidad y cómo te sientes después. Si comer se ha convertido en una forma de regular emociones, de “desconectar”, de anestesiar tensión o si pierdes el control con facilidad, merece la pena revisarlo con un profesional. No estás solo/a.

Si llevas meses o años repitiendo los mismos patrones, lo más probable es que no se resuelva solo. No porque tú puedas menos, sino porque comer es una mezcla de biología, emociones, hábitos y contexto… y eso no se ordena sin guía. Pedir ayuda no te hace débil: te hace inteligente.
Alimentación emocional
Cuando comes para calmar, no para nutrir

Nervios, aburrimiento, tristeza o estrés que acaban siempre en la nevera.

  • Picoteos sin hambre real
  • Comer rápido y sin control
  • Culpa intensa después de comer
  • La comida como refugio emocional
Atracones y descontrol
Del “solo un poco” al “ya da igual”

Episodios de comer mucho en poco tiempo, a veces a escondidas y con vergüenza.

  • Pérdida de control al empezar a comer
  • Comer hasta sentir malestar físico
  • Compensaciones después del atracón
  • Miedo a que otros vean cuánto comes
Digestiones difíciles
Cuando tu cuerpo protesta después de cada comida

Hinchazón, gases, reflujo o malestar que aparece sin motivo aparente.

  • Pesadez tras comer incluso “poco”
  • Molestias recurrentes
  • Dudas sobre qué alimentos te sientan mal
  • Miedo a comer ciertas comidas
Relación con el cuerpo
Cuando el espejo pesa más que la báscula

Comparación constante, autocrítica dura y sensación de no encajar en tu propio cuerpo.

  • Evitar fotos o espejos
  • Ánimo que depende del peso
  • Dificultad para aceptar cambios corporales
  • Autoexigencia estética constante
Energía y salud
Cuando tu cuerpo pide ayuda, pero no sabes por dónde empezar

Cansancio constante, inflamación o analíticas alteradas sin explicación clara.

  • Bajones de energía en el día
  • Niebla mental o falta de claridad
  • Colesterol, glucosa o hormonas alteradas
  • Necesidad de hábitos que sí puedas sostener

Alimentación emocional – cuando la comida hace de anestesia

No comes solo por hambre física: comes para calmar nervios, llenar vacíos, bajar revoluciones o premiarte por sobrevivir al día. Aquí no vamos a quitarte la comida “de golpe”, sino a entender qué está sosteniendo y ayudarte a sumar otras formas de cuidarte.

¿Sientes que...?

  • Abres la nevera cada vez que estás nervioso/a, triste o aburrido/a.
  • Te descubres comiendo rápido “antes de pensarlo demasiado”.
  • Piensas en comida mucho más de lo que te gustaría.
  • La culpa aparece casi siempre después de comer.

FAQ's

No. Prohibir alimentos suele aumentar la ansiedad y el deseo. El trabajo está en entender qué emoción estás regulando comiendo y en añadir otras formas de calmarte, mientras ajustamos también patrones y ritmo de comida.

Comer para regular emociones es humano. El problema llega cuando es casi el único recurso y te genera culpa o malestar físico. Ahí es donde tiene sentido trabajarlo.

No. Podemos usar pautas o referencias puntuales, pero el objetivo no es vivir con báscula en mano, sino reconectar con señales de hambre, saciedad y necesidad real.

Entonces tiene aún más sentido mirarlo con cuidado. Revisamos esa historia sin culpas, entendiendo qué te ayudó en su momento y qué ya no te sirve ahora.

No siempre, pero puede ayudar mucho si hay mucho dolor o conflicto emocional detrás. Si lo vemos necesario, te lo diremos con honestidad y coordinamos con el equipo de psicología.
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