No hay manual para crecer ni para acompañar a quien crece…
Acompaño a adultos, niños y adolescentes en los líos que trae el
día a día: rabietas que desbordan, miedos que no se entienden,
adolescentes que sienten que nadie les escucha o adultos que cargan
con más de lo que pueden sostener solos.
En consulta no buscamos culpables, buscamos entender qué está
pasando y cómo darle aire.
En consulta me encuentro con peques que expresan su malestar en rabietas, adolescentes que sienten que no encajan y adultos que viven con ansiedad o tristeza silenciosa. Lo importante no es poner etiquetas rápidas, sino crear un espacio donde puedan hablar sin miedo y sentirse escuchados de verdad.
Mi forma de trabajar parte de la cercanía y de la idea de que lo que nos pasa no ocurre en el vacío: siempre está conectado con nuestra historia, nuestra familia y nuestro entorno. A veces es ayudar a un niño a dar nombre a lo que siente, a veces orientar a unos padres desbordados, y otras es acompañar a un adulto que se siente perdido. En todos los casos, el objetivo es el mismo: encontrar formas más sanas de estar con uno mismo y con los demás.
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